lunes, 25 de octubre de 2010

NEORREALISMO ITALIANO

Fue un movimiento cinematográfico surgido en Italia después de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo consistía en plasmar la realidad sin adornos: reflejan principalmente la situación económica y moral de Italia en la posguerra, y reflexionan sobre los cambios en los sentimientos y en las condiciones de vida: frustración, pobreza, desesperación, etc. Sus principales representantes fueron Roberto Rossellini, Luchino Visconti y Vittorio de Sica.
Su característica principal consistió en su realismo extremo, visto desde la perspectiva de la cotidianeidad: estos directores no buscaron retratar la vida de personajes históricos de gran trascendencia, sino la de ciudadanos comunes cuya tragedia personal se enmarca dentro de la gran tragedia histórica que vive la nación. Se trata de un movimiento pesimista, propio de la postguerra europea, donde reina la desesperanza.
Los directores neorrealistas se enfocan en los seres más desafortunados, los más pobres y para ello recurren a individuos no profesionales de la actuación. Los actores secundarios (y en algunos casos, los protagonistas) de estos filmes tienden a ser personas desempleadas que lo perdieron todo debido a la guerra, lo que contribuye a darle mayor realismo a sus caracterizaciones.
Otra particularidad del neorrealismo es su tendencia a filmar en sitios verdaderos en lugar de recurrir a platós. Esto tiene una explicación: los estudios Cinecittà, que habían sido el centro de la producción cinematográfica italiana desde 1936, se encontraban ocupados por una multitud de personas desalojadas a causa de las penurias de la guerra, por lo que era imposible rodar en ellos.
Casi todos los críticos coinciden en identificar a Obsesión (1943), de Luchino Visconti, como la principal influencia del movimiento. A pesar de ser la adaptación de una novela norteamericana (El cartero llama dos veces), en esta obra se aprecian varias de las características del Neorrealismo: la visión desesperanzadora de una Italia hundida en la miseria y plagada de corrupción.
El neorrealismo adquirió resonancia mundial por primera vez con Roma, ciudad abierta (1945), de Roberto Rosellini primera película importante realizada en Italia tras el fin de la guerra. A pesar de la presencia de muchas características ajenas al neorrealismo, reflejaba claramente la lucha por la existencia que los italianos libraban día a día bajo la ocupación alemana de Roma, haciendo lo posible por resistir a la ocupación. Los niños juegan en la película un papel clave, y su presencia al final del filme es indicativa de su papel general en el neorrealismo: son testigos de la realidad descarnada de su tiempo y promesa de un futuro que podría ser mejor.
En El limpiabotas (1946), Vittorio De Sica muestra el daño causado por la experiencia bélica en el ánimo de los más débiles, los niños del proletariado.
1948 es un año importante para este movimiento cinematográfico: mientras Rossellini utiliza el suicidio de un niño como muestra de la deriva moral de una nación en Alemania, año cero, De Sica ofrece en Ladrón de bicicletas, la visión de un país suspendido entre esperanzas y frustraciones, todo esto visto a través de la historia de un hombre común que no se resigna a la desocupación forzosa. Ese mismo año, aparece La tierra tiembla, de Visconti, quien mezcla valores sociales y melodrama, instancias progresistas y una explosiva carnalidad.
Hacia principios de la década de los 50, el neorrealismo había desaparecido casi por completo. Las carreras de los directores del movimiento toman rumbos distintos, ajenos a las tendencias neorrealistas. Quizás la última gran obra de esta generación sea Umberto D (1952), de Vittorio De Sica,  lúcida y rigurosa descripción de la miserable soledad de un jubilado.