Fue un movimiento cinematográfico surgido en Italia después de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo consistía en plasmar la realidad sin adornos: reflejan principalmente la situación económica y moral de Italia en la posguerra, y reflexionan sobre los cambios en los sentimientos y en las condiciones de vida: frustración, pobreza, desesperación, etc. Sus principales representantes fueron Roberto Rossellini, Luchino Visconti y Vittorio de Sica.
Su característica principal consistió en su realismo extremo, visto desde la perspectiva de la cotidianeidad: estos directores no buscaron retratar la vida de personajes históricos de gran trascendencia, sino la de ciudadanos comunes cuya tragedia personal se enmarca dentro de la gran tragedia histórica que vive la nación. Se trata de un movimiento pesimista, propio de la postguerra europea, donde reina la desesperanza.
Los directores neorrealistas se enfocan en los seres más desafortunados, los más pobres y para ello recurren a individuos no profesionales de la actuación. Los actores secundarios (y en algunos casos, los protagonistas) de estos filmes tienden a ser personas desempleadas que lo perdieron todo debido a la guerra, lo que contribuye a darle mayor realismo a sus caracterizaciones.
Otra particularidad del neorrealismo es su tendencia a filmar en sitios verdaderos en lugar de recurrir a platós. Esto tiene una explicación: los estudios Cinecittà, que habían sido el centro de la producción cinematográfica italiana desde 1936, se encontraban ocupados por una multitud de personas desalojadas a causa de las penurias de la guerra, por lo que era imposible rodar en ellos.
Casi todos los críticos coinciden en identificar a Obsesión (1943), de Luchino Visconti, como la principal influencia del movimiento. A pesar de ser la adaptación de una novela norteamericana (El cartero llama dos veces), en esta obra se aprecian varias de las características del Neorrealismo: la visión desesperanzadora de una Italia hundida en la miseria y plagada de corrupción.

En El limpiabotas (1946), Vittorio De Sica muestra el daño causado por la experiencia bélica en el ánimo de los más débiles, los niños del proletariado.

Hacia principios de la década de los 50, el neorrealismo había desaparecido casi por completo. Las carreras de los directores del movimiento toman rumbos distintos, ajenos a las tendencias neorrealistas. Quizás la última gran obra de esta generación sea Umberto D (1952), de Vittorio De Sica, lúcida y rigurosa descripción de la miserable soledad de un jubilado.
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